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CRÓNICAS Libertos
Alejandro, C's de Salamanca
enviado el 16/02/2010

Quedan pocos, son extraños y se mueven asombrados por un paisaje en el que no pueden hablar con libertad. Son los libertos

Agrupación de estados ibéricos (antes España) Año 2040: Un padre y un hijo intentan llevar a cabo una empresa arriesgada en uno de los feudos controlados por el partido azul, que lleva 75 años sin perder unas elecciones.

Desde la madrugada han intentado sortear a agentes de prensa, comisarios políticos e intentan llevar su mercancía a uno de los pocos clientes fieles que aún tienen el valor de comprarles los productos. Su empresa de productos ecológicos es una de las pocas que aún no ha tenido que recibir subvenciones, ni ha tenido necesidad de publicidad en uno de los periódicos del régimen, ni ha necesitado de un permiso especial de exportación de los que otorga la sección de relaciones exteriores de la consejería ministerial de control de los votantes. Sus productos son tan buenos que se los quitan de las manos… pero a qué precio…

El abuelo que fundó esta empresa empezó a perder sus amigos, todos ellos presionados o dependientes en alguna manera del partido azul. Tirando de orgullo, el viejo fue consiguiendo no recibir ninguna subvención, no necesitaba ningún permiso especial y no tenía que comprar material de importación. Aún así, tuvo que colaborar con el alcalde de su pueblo para conseguir que su hijo pudiera ir a la universidad concertada, perteneciente a la fundación Partidario Impertérrito, cuyo patronato es también el partido azul.

Sus parientes, amigos, conocidos… cada vez evitaban con más frecuencia encontrársele o hablar con él. Únicamente unos pocos amigos bien intencionados, iban a visitarle por la noche e intentaban convencerle de que se afiliara al partido, o hiciera algún tipo de aportación, algo que demostrara su sumisión y, por tanto, su no peligrosidad. Estos viejos amigos habían ido sucumbiendo uno a uno obligados por la necesidad, aquél porque tenía un negocio para las empresas del partido, éste, porque necesitaba publicidad en uno de los periódicos institucionales, y el resto porque su trabajo, directamente, dependía de su manifiesta adhesión al partido azul.

Pensó en emigrar, pero la situación al otro lado del río tampoco era recomendable. Allí, el partido rojo, con 80 años sin perder unas elecciones, mantenía unas estrechas y amigables relaciones, cada uno en su lugar, con el partido azul. Ambos tenían un registro de libertos conocidos a quienes mantenían en estrecha vigilancia.

Más, tarde, cuando el hijo creció, las cosas se fueron poniendo peor. La nueva ley electoral (con el voto unánime del partido azul y el rojo), permitía saber claramente a quién votaba cada uno al obligar a la identificación de la papeleta y al uso de scaneres detectores de huellas digitales en los sobres. No hubo presiones, ni se indicó a nadie a quién debían votar. Pero el porcentaje de votos fue de casi el 98% a favor del partido azul (el 98% en el partido rojo, al otro lado del río). Para favorecer la democracia y la participación, el recibo de haber votado era necesario para poder renovar el contrato de la electricidad, cuyo consejo de administración estaba integrado por antiguos y destacados miembros del partido.

Afortunadamente, tras mudarse al campo pudieron tirar la producción ecológica en una tierra de los bisabuelos. Tenía agua, pusieron un generador en un pequeño salto de agua y prácticamente se autoabastecieron. Tras disimular mucho, licenciarse en medicina y afiliarse al partido el hijo se incorporó a la granja, donde vinieron a vivir otra familia amiga que resultó de gran ayuda. LLegaron los nietos, y lamentablemente tuvieron que ir a la escuela. Al abuelo cada vez le resultaba más difícil extraer la verdad de los libros de texto que les suministraban en la enseñanza pública o las privadas subvencionadas.

Haciendo de tripas corazón, y por su bien, había admitido que alguno se afiliara a las juventudes generales para asegurar que tuvieran acceso a alguna de las principales empresas de la región, aunque lo más probable es que, dada su buena preparación, sobre todo el pequeño, tenga que emigrar fuera de la península ibérica.

Pero este año la cosa va mal, hasta ahora la habilidad con el reciclado y los conocimientos de medicina del padre les han ido salvando de otras necesidades. Pero este año va a ser imprescindible conseguir unos productos químicos y unas variedades que sólo se obtienen en uno de los grandes almacenes de las empresas que financian al partido. Y además su aplicación necesita permisos.

El abuelo se va a quedar en casa, ya está mayor y no puede ir a la residencia, porque las plazas son limitadas y los criterios de admisión vienen regulados en función de unas normas que el abuelo, lógicamente, no cumple. Cuando al nieto le preguntaron por la filiación política del abuelo dijo que no tenía, lo que puso en una situación muy incómoda a la recién nombrada secretaria de la residencia, que no lo entendía.

- Entonces, su abuelo..
- Si, es un liberto. Hasta hace poco incluso cambiaba el voto. Pero últimamente sólo se atrevía a votar en blanco.
- En ese caso, vera…
- No se preocupe. Lo entiendo. Usted también necesita un trabajo. Buenas tardes.

 
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